Ya estaba pasando
Ya estaba pasando, ya estaba pasando antes de que dijéramos algo, antes de acercarnos del todo, antes de tener tiempo para decidir si convenía. Ya estaba pasando en el cuerpo, en la forma en que la respiración se desordena sin motivo, en la manera en que uno sostiene la mirada un segundo más y entiende que ya no hay vuelta atrás. No había inocencia, no había forma de evitarlo, no había una versión correcta de nosotros, había esa coincidencia exacta entre lo que se activa por dentro y lo que el cuerpo termina haciendo sin pedir permiso. Ella no retrocedía, yo tampoco retrocedía, y en ese punto todo se volvía simple y peligroso al mismo tiempo, porque no hacía falta explicar nada, no hacía falta decir nada, cuando ambos sabíamos exactamente qué estaba pasando. Había momentos en los que el lugar dejaba de importar, había momentos en los que el tiempo se reducía a lo justo, había momentos en los que todo encajaba sin esfuerzo y lo demás quedaba afuera sin resistencia. No era desorden, no e...



