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es viernes, terminó la semana y yo quería seguir trabajando. cada vez que pensaba en que el día terminaría sentía una sensación muy extraña en el estómago. algo así como si estuviera en el puente villena mirando la pista de abajo. sentía pánico, vértigo y únicamente me concentraba en armar un convenio de pago, calculando intereses con las fórmulas financieras del excel. algo que yo no debería saber. algo que jamás aprendí y que la tecnología hizo justicia con aquellas personas que nacieron sin habilidad para entender la matemática. yo recuerdo que en el colegio había un profesor que le dijo en alguna oportunidad a mi abuela que yo no había nacido con el suficiente coeficiente intelectual para entender que uno más uno es dos. mi abuela era una loca defendiendo a la familia y estuvo muy cerca de que despidieran al profesor. yo no era bueno en eso pero si era bueno pensando en escenarios que podían ocurrir pero que no ocurrían. por eso me quedaba con la mirada perdida en el vacío, no por otra cosa. finalmente el día terminó y tuve que dejar la oficina. de pronto empecé a manejar y no quería llegar a casa y me desvié del camino y en vez de voltear a villarán y entrar a miraflores seguí de frente por tomás marsano. creo que fue la primera vez que amé el tráfico. estaba muy cerca del open plaza y se me ocurrió comprar ropa pero no tenía ganas de probarme nada. hambre ni en sueño, no tenía. todo el día pude sobrevivir con la única taza de café, que es la esencia de la tierra. entonces no entré al open plaza y en angamos me sentía muy mal, sobre todo cuando me acercaba a aviación. no quería manejar hacia primavera y me metí a aviación como yendo a javier prado y la música en el carro era muy pesada, no quería llorar. manejaba y no sabía a dónde ir. mi celular estaba con sólo un punto y ni tenía ánimos de conectarlo en el carro. entonces pensé y era muy extraño que me encontrase en aviación, esa avenida donde empezó todo lo que ahora es oscuro. miraba las calles y eran las mismas de cuando tenìa menos panza y no era nadie en este mundo. no quería sentirme mal y se me ocurrió ir al cine aviación, un cine que intenta sobrevivir ante las cadenas de cine que están por todas partes. ok, estacioné el carro por las inmediaciones del cine y al llegar a la boletería vi que únicamente tenía dos opciones: men in black 3 y blancanieves y los 7 enanitos. no me animé a entrar y al salir no supe qué hacer. entonces me puse a caminar sin rumbo y encontré una cabina de internet y sin pensarlo dos veces entré y me puse al frente de un ordenador vieeeeeeeeeeejo y suuuuuuuuuuuucio. una vez cargado el google no sabía qué hacer. miré al costado y sólo había una abuelita con su nieta leyéndole oraciones que encontraba en internet, qué divertido. intentaré tomarles una foto para colgarlas en este post (ya lo hice y salió muy borrosa) entonces empecé a escribir este texto que no se de qué se trata pero al menos hizo que me sienta un poco mejor. no quiero volver a casa nunca más. la casa está oscura y se siente sola. es una soledad muy cruel pero debo ponerme de pie y mirar el sol, aunque sea de noche. debo salir de este lugar e irme a visitar a algún amigo, quizá a eduardo al cual no lo veo hace semanas o visitar a mi viejo, a quien no lo veo hace meses. no tengo sueño y no puedo espantar a la tristeza, no puedo salir de esta cabina de internet. detesto que hayan puesto al fondo hay sitio en el televisor de la cabina de internet, es cruel. yo quería que haya luz pero nunca nada es a mi manera. los pájaros heridos tienen primero que curarse para luego volar. y lo que siento es que me mataron de golpes y que no me permitieron ir al veterinario.