la espera desespera

Los años impacientan a las personas. Ya no es lo mismo esperar algo como antes. Uno se cansa de esperar o se acostumbra a ya no esperar nada. Por ejemplo, recuerdo que años atrás esperaba terminar mi carrera de literatura, sin embargo, mi nueva profesión impedía disponer del tiempo suficiente para la realización de mis proyectos vocacionales. Ahora ya no espero terminar la especialidad de literatura en la universidad así como tampoco espero encontrar un agujero en el cielo como antaño. Esperar en el banco una atención se hace menos complicado con el paso del tiempo. Y no es que uno espere apaciblemente. Lo que en realidad sucede, es que de tanto haber esperado en el transcurso de los años uno llega al punto de mirar la pantalla de rato en rato para cotejar el número del ticket habiéndose olvidado de que está esperando ser atendido. Pareciera que los enemigos pretenden aniquilarnos a nuestras espaldas. Y es que es distinto hacer cola que esperar ser atendido. Es distinto, para que se comprenda mejor, viajar en un taxi, que esperar llegar a un destino. “La espera desespera” es una frase bastante bien elaborada desde uno de los tantos ángulos de la luna. Sin embargo desde el enfoque caótico se puede definir que “el desesperado espera” o que “la desespera no te espera” o más bien que “no esperes desesperarte” o por último que “no esperes por desesperado”. Es cierto que los años te adaptan de tal forma que uno ya no espera nada, sólo interactúa. Y precisamente en eso consiste el descomunal desapego de las cosas. Por un lado, el viejo hace cola sabiendo, inconscientemente, que en algún momento será atendido y por otro lado no es consciente de estar esperando su turno a diferencia del desesperado que todo inexperto se obsesiona con la idea y envejece en el intento.
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