el caos personificado en la narración
Había una vez, en el fondo del mar, una linda muñeca de porcelana que llegó empujada por la corriente. Ocurre que un señor de bigotes y panzón estaba drogado conduciendo su Volkswagen y a su lado estaba su hija de ocho años que más bien era delgada y tenía entre sus brazos a Beatriz, la muñeca que recibió como regalo de navidad en la cual sentía un cierto matiz de desapego espiritual por el ruido de la pólvora en el cielo y por imaginar a tantos animales que fueron sacrificados para poder ser devorados. Un perro cruzaba la pista y el viejo de Antonieta Gabriela quedó contemplando los colores de un cartel que indicaba bajar la velocidad. Una practicante estaba mirando la documentación que tendría que entregar a la oficina del gerente de la asociación X-Point; cuando de pronto vio volar desde el puente un Volkswagen azul hacia el mar. Todo se hizo lento. Se olvidó de los papeles. Se olvidó de su nombre. Encontraba una extraña belleza en esos eternos segundos de desgracia. Su cabeza de la pequeña se golpeó contra la guantera y se rompió la nariz produciéndole una descomunal hemorragia que sería la causa de su muerte. Edmundo se enamoró de Melissa y le ocultó durante diecisiete años su adicción a los porros. Cierto día Melissa, en medio de tantas luces de establecimientos y supermercados, le contó a su novio que había ido al médico por un supuesto quiste vaginal pero luego de los exámenes se enteró que tenía un mes y medio de embarazo. Edmundo estaba volado y en medio de su viaje concluyó que se llamará Antonieta, por María Antonieta y que el segundo nombre se lo dejaba a su criterio. Gabriela era una veterana que había cuidado de su nieta luego del fallecimiento de su hija. Melissa recordó de pronto a su abuela quien había fallecido cuatro años atrás. Un abogado de 50 años sedujo a su practicante y la invitó durante un fin de semana a su casa de campo. Johana tenía 21 años y le dijo a su novio de 25 que tendría un viaje de trabajo y que el domingo por la noche estaría de regreso. El Dr. Laos le dijo a su esposa que tendría que viajar a resolver un caso en una provincia un tanto alejada. El novio de Johana salió durante el sábado por la noche con la mejor amiga de su novia y le dijo que todo era tan sólo un sueño. La esposa del abogado se embriagó con su ama de llaves y cuando se miró al espejo encontró un rostro bastante gastado y patético descubriendo que nunca llegó a ser feliz al lado de ese hombre. La asociación X-Point solicitó a un estudio jurídico un informe minucioso en el cual explicaran si era posible o no, convertirse en una sociedad. La muñeca voló desde la ventana hasta el fondo del mar. Desde entonces nunca nadie la llamó Beatriz.
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