Mírate nada más...
Mírate nada más, ahí, tirado en el piso, con tus hermosos ojos abiertos, aquellos con los que solías verme… con los que me conquistaste…
Fueron ojos tan dulces como la miel, en honor a su color; esa miel que ahora se derrama por tu rostro, tan suave como la seda… acostumbrabas a mirarlo cada cinco minutos en un espejo… admirar tu notoria belleza.
Eras un hombre perfecto, con un cuerpo esbelto y delgado; el cabello lacio, siempre bien peinado… gustabas mucho cuidar de tu perfecto cabello, finas hebras de oros… siempre atento a tu apariencia.
Cuando salíamos juntos… me ignorabas… parecía que no estaba contigo… que yo no existía…
Cuando una mujer hermosa y con ropas llamativas pasaba a tu lado, tus ojos querido, tus grandes ojos color miel, divagaban por su cuerpo, deseándolo, codiciándolo… yo nunca dudé de que luego lo obtuvieras… siempre obtenías lo que querías… nadie nunca te negó nada… porque eras… perfecto…
Siempre me pregunté por qué me elegiste por compañera… nunca me amaste, siempre solo importabas tú… siempre…
Luego de un tiempo, nació en mí un nuevo sentimiento… el odio…
Me decía a mí misma que no era más que un sentimiento de admiración hacia ti… tenía que serlo… eras perfecto… ¡Tenía que admirarte!
Una tarde, de paseo por el parque, tuve la osadía de comentártelo…
-Amor mío, crees que sea posible sentir odio hacia ti… que yo te odie?
Lo pensaste un segundo, reíste un poco y me respondiste mirándome a los ojos…
-No querida… lo perfecto no se odia…solo se admira y se halaga…Déjame decirte algo, si me odias, no me sirves, recuerda el privilegio que es estar conmigo, además, yo contigo soy mucho, sin ti, soy incluso mucho más… pero tú… mujerzuela… sin mi no eres nada…no vales nada…Así que es tu decisión, si me odias no me sirves…si me amas tampoco… pues eres poca cosa, pero te podría tolerar más tiempo junto a mi…
Todo esto lo dijiste mientras sonreías y me mirabas a los ojos… Yo simplemente te dije “si querido” y seguimos caminando…
Es que eras tan perfecto, que lo que me dijiste no podía ser mentira... “yo sin él, no soy nada”… Si tú los decías es porque era verdad…
Cuando me decías eso… sentía como me hervía la sangre… las venas me palpitaban cada vez más rápido… A veces soñaba con matarte, con conservar tu perfección para siempre… pero lejos de mí… Con tu sangre… tu perfecta sangre, tiñendo mis impuras manos… tú rostro desfigurado por la sensación de miedo e impotencia… ¿Podría en un momento como ese tu perfección salvarte?... - No, no podría – Me respondía a mi misma y sonreía… Luego reaccionaba… y sentía miedo de mí… de lo que yo fuera capaz de hacer…
Un día, me diste un motivo, una razón para aceptar que aquel nuevo no era más que odio puro, rencor… no quiero pensar en aquella razón, pues es como una astilla en mi alma que no le permite curarse y duele… y sangra… pero mereces escucharla hoy día que estás muriendo…
Fue un viernes que salí a despejar mi mente, tomar aire… a pensar en lo mucho que te amaba… obviamente solo me engañaba… y te vi… te vi en aquel decadente bar… coqueteándole a una vulgar mujerzuela que se te acercó… Tú me viste, yo lo sé… ¿lo recuerdas amor mío?... esa mañana me habías llamado… “Querida, hoy no podré ir a verte… tengo una día ocupado...”… Sé que me viste… por eso la besaste, no?... Es una razón tonta… ya lo sé… pero, para mí, querido… fue suficiente…Sentí odio, mucho odio, mucho más del que habría sentido jamás…
Así pues, querido, fue como tomé la decisión… Con gotas de odio mojándome el rostro y un silencio perturbador en mi conciencia…
Hoy te cité en mi casa y te esperé con ansias, con un dulce sabor en mi boca… Cuando al fin llegaste, tuve el placer de recibirte con un abrazo… Tú creíste abrazarme a mi, pero amor mío, erraste… no eran mis brazos los que te rodeaban… sino… los de la muerte…
En ese instante se cumplieron todas mis fantasías… me alejé lentamente saboreando a gusto mi victoria, miré mis manos y… ahí estaba… ahí estaba!... con un rojo oscuro tiñendo mi piel… tu sangre… esa que yo tanto apetecía… Entonces miré extasiada tu rostro, tu expresión fue en ese momento de repulsión hacia mi, ya no eras esa entidad de perfección que conocía, ya no más el hombre perfecto, ahora solo había miedo en tus ojos, odio, rencor, cualquier cosa menos perfección…
Y luego caíste, poco a poco, lentamente… y tu sangre derramándose por todo el lugar… Me rogaste piedad, pediste perdón y yo te lo di, pero… lo disfrutaba tanto… no quería acabar la diversión… Pedías con lágrimas que te dejara vivir… ¡¿Es que acaso no sabes que no puede existir alguien tan perfecto en este mundo lleno de incompetentes como nosotros?!... “–Te hago un favor…y lo disfruto...”
Poco a poco, lentamente, tu vida se derrama… ya no queda perfección en ti… te pido con amor un último beso, ¿y qué haces tú?... me lo niegas!!...
-Entonces dime que me amas al menos…No?!... Por qué, por qué te niegas?... Me dices que estoy loca?... yo?! Jajajajaja!! Me río al oír semejantes palabras de la boca de un moribundo, de alguien que vive de un espejo, de alguien que no piensa más que en sí mismo… más que en su apariencia…Pero no, querido… ahora no verías a un hombre perfecto en el espejo, sino, verías a la muerte… tu muerte…mi regalo de amor para ti…
Fueron ojos tan dulces como la miel, en honor a su color; esa miel que ahora se derrama por tu rostro, tan suave como la seda… acostumbrabas a mirarlo cada cinco minutos en un espejo… admirar tu notoria belleza.
Eras un hombre perfecto, con un cuerpo esbelto y delgado; el cabello lacio, siempre bien peinado… gustabas mucho cuidar de tu perfecto cabello, finas hebras de oros… siempre atento a tu apariencia.
Cuando salíamos juntos… me ignorabas… parecía que no estaba contigo… que yo no existía…
Cuando una mujer hermosa y con ropas llamativas pasaba a tu lado, tus ojos querido, tus grandes ojos color miel, divagaban por su cuerpo, deseándolo, codiciándolo… yo nunca dudé de que luego lo obtuvieras… siempre obtenías lo que querías… nadie nunca te negó nada… porque eras… perfecto…
Siempre me pregunté por qué me elegiste por compañera… nunca me amaste, siempre solo importabas tú… siempre…
Luego de un tiempo, nació en mí un nuevo sentimiento… el odio…
Me decía a mí misma que no era más que un sentimiento de admiración hacia ti… tenía que serlo… eras perfecto… ¡Tenía que admirarte!
Una tarde, de paseo por el parque, tuve la osadía de comentártelo…
-Amor mío, crees que sea posible sentir odio hacia ti… que yo te odie?
Lo pensaste un segundo, reíste un poco y me respondiste mirándome a los ojos…
-No querida… lo perfecto no se odia…solo se admira y se halaga…Déjame decirte algo, si me odias, no me sirves, recuerda el privilegio que es estar conmigo, además, yo contigo soy mucho, sin ti, soy incluso mucho más… pero tú… mujerzuela… sin mi no eres nada…no vales nada…Así que es tu decisión, si me odias no me sirves…si me amas tampoco… pues eres poca cosa, pero te podría tolerar más tiempo junto a mi…
Todo esto lo dijiste mientras sonreías y me mirabas a los ojos… Yo simplemente te dije “si querido” y seguimos caminando…
Es que eras tan perfecto, que lo que me dijiste no podía ser mentira... “yo sin él, no soy nada”… Si tú los decías es porque era verdad…
Cuando me decías eso… sentía como me hervía la sangre… las venas me palpitaban cada vez más rápido… A veces soñaba con matarte, con conservar tu perfección para siempre… pero lejos de mí… Con tu sangre… tu perfecta sangre, tiñendo mis impuras manos… tú rostro desfigurado por la sensación de miedo e impotencia… ¿Podría en un momento como ese tu perfección salvarte?... - No, no podría – Me respondía a mi misma y sonreía… Luego reaccionaba… y sentía miedo de mí… de lo que yo fuera capaz de hacer…
Un día, me diste un motivo, una razón para aceptar que aquel nuevo no era más que odio puro, rencor… no quiero pensar en aquella razón, pues es como una astilla en mi alma que no le permite curarse y duele… y sangra… pero mereces escucharla hoy día que estás muriendo…
Fue un viernes que salí a despejar mi mente, tomar aire… a pensar en lo mucho que te amaba… obviamente solo me engañaba… y te vi… te vi en aquel decadente bar… coqueteándole a una vulgar mujerzuela que se te acercó… Tú me viste, yo lo sé… ¿lo recuerdas amor mío?... esa mañana me habías llamado… “Querida, hoy no podré ir a verte… tengo una día ocupado...”… Sé que me viste… por eso la besaste, no?... Es una razón tonta… ya lo sé… pero, para mí, querido… fue suficiente…Sentí odio, mucho odio, mucho más del que habría sentido jamás…
Así pues, querido, fue como tomé la decisión… Con gotas de odio mojándome el rostro y un silencio perturbador en mi conciencia…
Hoy te cité en mi casa y te esperé con ansias, con un dulce sabor en mi boca… Cuando al fin llegaste, tuve el placer de recibirte con un abrazo… Tú creíste abrazarme a mi, pero amor mío, erraste… no eran mis brazos los que te rodeaban… sino… los de la muerte…
En ese instante se cumplieron todas mis fantasías… me alejé lentamente saboreando a gusto mi victoria, miré mis manos y… ahí estaba… ahí estaba!... con un rojo oscuro tiñendo mi piel… tu sangre… esa que yo tanto apetecía… Entonces miré extasiada tu rostro, tu expresión fue en ese momento de repulsión hacia mi, ya no eras esa entidad de perfección que conocía, ya no más el hombre perfecto, ahora solo había miedo en tus ojos, odio, rencor, cualquier cosa menos perfección…
Y luego caíste, poco a poco, lentamente… y tu sangre derramándose por todo el lugar… Me rogaste piedad, pediste perdón y yo te lo di, pero… lo disfrutaba tanto… no quería acabar la diversión… Pedías con lágrimas que te dejara vivir… ¡¿Es que acaso no sabes que no puede existir alguien tan perfecto en este mundo lleno de incompetentes como nosotros?!... “–Te hago un favor…y lo disfruto...”
Poco a poco, lentamente, tu vida se derrama… ya no queda perfección en ti… te pido con amor un último beso, ¿y qué haces tú?... me lo niegas!!...
-Entonces dime que me amas al menos…No?!... Por qué, por qué te niegas?... Me dices que estoy loca?... yo?! Jajajajaja!! Me río al oír semejantes palabras de la boca de un moribundo, de alguien que vive de un espejo, de alguien que no piensa más que en sí mismo… más que en su apariencia…Pero no, querido… ahora no verías a un hombre perfecto en el espejo, sino, verías a la muerte… tu muerte…mi regalo de amor para ti…
Autora: Laura Sofía Sánchez Portilla.
13 años - Costa Rica
Comentarios
Publicar un comentario