De todas, prefiero a la chica salvadidas. ¡Qué sonrisa podrá igualar la que nunca tuvo entera! Ella nació exactamente un treinta y uno de octubre de mil novecientos ochenta y cuatro. Tuvo una hermana mayor la cual se encariñó al instante de verla nacida: pálida, delgada y con una mirada fija hacia un punto que nadie nunca pudo descifrar. Al cabo de algunos años nació la tercera y última hermana: Sareli, quien pasó a ser de pronto la engreída de la familia. Sin embargo, María Fernanda - me refiero a la la chica salvavidas- tenía el poder de cambiarlo todo, el poder de pasar desapercibida cuando quería o de gobernar enteramente a quienes se interponían en su camino. Fue educada tradicionalmente por sus padres, los cuales eran muy estrictos al extremo de impedirle salir a fiestas cuando terminó el colegio. Pasaron unos meses más y se hizo universitaria; fue en aquel momento en el que supe de ella. De pronto, me provisioné de sus datos y le empecé a escribir correspondencias. Fue dificil contactarla y de pronto recibí respuestas a medida en que el tiempo pasaba, Me contó en una de sus cartas que a pesar de tanto cuidado familiar ella se pudo escurrir, en algunos momentos, para ver a su novio bastante mayor, estaba ilusionadísima con él. Se entregó profundamente, lo cual el nunca lo supo. Hay días en los cuales el hombre tiene mayor predisposición a ser más bestia de lo normal, la dejó por otra, total, nunca la tomó en serio, nunca pudo darse cuenta de la paz que ella transmitía. Ella lloró y el tiempo la hizo más dura, cambió radicalmente y cada vez que podía, decía si a cualquiera, si en un segundo y se entregaba con el mismo entusiasmo que la primera vez, algo realmente sorprendente. Sin embargo no hubo nadie que la sepa amar, nadie que la acompañe volando por entre la ciudad, volando en el coche y pasándola de putamadre como se diría actualmente en el contexto más intenso de los viernes por la noche en barranco o en las musas, da lo mismo. Esta vez no quiero hablar de mi, ella se robó el poco orgullo que me quedaba, se llevó consigo todo mi pasado y borró intempestivamente el libro de estadística que guardaba con esmero y cierto matiz de perversidad; en el fondo siempre fui una persona muy mala y ella lo supo desde un comienzo pero a medida en que pasaba el tiempo yo dejé mis malos hábitos por ella; le hacía caso en todo y hasta me volví abstemio de confraternidad para con las amantes y las amigas. Todo era mágico y el tiempo se detuvo en aquellos instantes en los que pude ser una mejor persona, dicen que el amor consiste en eso. Yo no quería jugar esta vez, quería simplemente que el tiempo pase asi de mágico, total ¿no era ella una bruja nacida un treinta y uno de octubre? ¿no era ella quien hacía que celebre cada día como si fuese un aniversario? Esta historia que escribo se me hace dificil de escribirla porque no quiero llegar al final, resulta que en esta historia no existe un final y es lo que me sorprende tanto, ni siquiera existe un argumento, no existe NADA pero aún asi me hace sentir tan desgraciado por el hecho de nunca más saber de ella, por el hecho de mirar cómo una mosca vuela por entre la habitación buscando un amor, simplemente buscando para no sentirse perdido. La chica salvavidas me rescató como nunca nadie, pero como para todo salvavidas, rescatar a alguien es tan solo un trabajo.

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