número seis

Contigo,
en una casa embrujada
contando hasta mil
quiero soñar.

Contigo quiero soñar

Y no con un dinosaurio gordo dentro de un carro que se estaciona en la vereda de la puerta de tu casa roja que nunca envejece porque tus viejos se encargan de darle un excelente mantenimiento.

Contigo, en el cadillac, contando hasta mil, quiero viajar.

Y no con una loca que tira los dados esperando un seis para responder absolutamente aquella pregunta que formulé estando solo en el botecito de la vieja laguna del club. No podíamos compartir el whisky, tenías apenas media hora y algunos minutos de sobra.

Pero todo el fabuloso cuadro que inventamos estando juntos desapareció en el instante en que pasó deliberadamente aquella estrella que no pudiste recordar.

Es viernes y al otro lado de la ciudad, Beatriz ensaya sonrisas, gestos y miradas frente al viejo espejo del corredor. Desde pequeña acostumbraba andar en medias, cierra todas las cortinas de las ventanas y detesta la luz del sol. Por un momento sus ojos perdieron órbita. Respiraba por inercia muy pausadamente.

Beatriz cerró los ojos con fuerza, se miró fijamente al espejo como reaccionando y volvió a sonreír, se arregló los cabellos, se puso un suéter de colores y salió de casa.

En el camino prendió un porro y lanzaba con extrema frescura frente a los transeúntes. Beatriz es escritora desde pequeña y sus padres viven en Europa desde que ella cumplió veintidós años.

Llegando al parque repleto de árboles, cometas, perros, Beatriz decidió sentarse, sacar el dado que conservaba durante muchos años, su único amuleto, su pequeño tesoro, lo echó a rodar a un par de metros de distancia, quería un seis, deseaba morbosamente un seis y mientras se acercaba pudo divisar cinco puntitos negros, un número menos.

Se sintió triste y sabía que por más seis que aparecieran, Beatriz había perdido.



no..

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