lección de la rosa verdadera

(I)


Vuelve a su ser, a su aire y desaparece, huye del ojo que la mira rosa, hasta ser verdadera, deseosa, pasión que no principia y no fenece.
Con prudencia divina, apunta y crece, en la melancolía del que goza, negando su figura a cada cosa, oliendo cómo no se desvanece.
Vuelve a su alma, a su peligro eterno, rosa inocente que se fue y se exhibe a estío, otoño, primavera, invierno.
¡Rosa tremenda, en la que no se quiere! ¡Rosa inmortal, en la que no se vive! ¡Rosa ninguna, en la que no se muere!

(II)


No una de blasón o de argumento, sino la de su gira voluptuosa, es la que quiero apasionada rosa, íntegra en mí la que compone el viento.
Miro la innumerable en el momento, en el peligro del redor la hermosa; en nada la divina; mas la cosa siempre se pone donde yo me ausento.
¡Sus, los sueños sutiles y veloces con que logro a los últimos desvíos el cuerpo inanimado de los goces!
¡Sus, huid, si la nada campea, pero antes me cobrad galgos hastíos alguna rosa que la mía sea!

(III)


La que nace es la rosa inesperada. La que muere es la rosa consentida. Sólo al no parecer pasa la vida porque viento sin Dios es la mirada.
¡Cuánta segura rosa no está en nada! Si no hay más que la rosa presentida... Si Dios sopla en mi rosa-la vivida- cabe el ojo del ciego-rosa amada.
Triste y tierna la rosa verdadera es el triste y el tierno sin figura, ninguna imagen a la luz entera.Mirándola deshójase el deseo, y quien la viere, olvida y ella dura. ¡Ay, es así la rosa y no la veo!

Martín Adán



señor poema

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